Las protestas persisten en Chile pese al toque de queda

Las protestas, en las que ya ha habido tres fallecidos, continúan pese a la decisión del gobierno

Durante la última semana, protestas masivas a raíz de la subida del precio del billete de metro de Santiago de Chile, que han resultado violentas en los últimos días, han llevado al presidente Piñera a paralizar dicha medida y a decretar un polémico estado de emergencia en la ciudad tras el aumento de las protestas ante la actuación policial.

La última subida de las tarifas por uso de la Red Metropolitana de Movilidad de Santiago de Chile ha provocado una oleada de disturbios y manifestaciones de descontento ciudadano, ocasionando el inicio de los disturbios durante una concentración convocada en respuesta a las actuaciones policiales durante los días previos.

Según fuentes oficiales, las protestas se han saldado por el momento con una veintena de civiles heridos – decenas más según las organizaciones convocantes -, más de noventa carabineros atendidos por los servicios médicos y un centenar de detenidos y hasta tres civiles fallecidos. En las redes sociales, fuentes del movimiento y simpatizantes han denunciado en cambio las actuaciones de la policía y el ejército chilenos, mediante la difusión de vídeos y fotografías que muestran manifestantes con heridas de bala.

Las protestas ante el vigésimo auge de las tarifas en doce años – justificadas por el gobierno debido en relación con la guerra comercial – e iniciadas con una cacerolada popular, constatan el descontento de la población con las medidas económicas tomadas por el presidente Piñera, líder del partido conservador Renovación Nacional. Dicho descontento contrasta con la visión internacional de Chile como un oasis en Latinoamérica, en parte debido a sus medidas económicas de carácter neoliberal iniciadas por los Chicago Boys durante la dictadura de Pinochet.

Las tarifas del metro, que han padecido en los últimos años una subida del 150%, alejadas del aumento medio del 25% en los salarios, han resultado ser la chispa necesaria para provocar un fuego que se estaba fraguando durante el último año marcado por el continuo aumento de la desigualdad, así como la firma de un tratado de libre comercio con la vecina Argentina.

Dicho tratado, ratificado por Macri y Piñera a inicios de enero, recibió grandes críticas, así como las del experto en derecho internacional Javier Echaide, que afirmó que “dejaba de lado a los más desventajados, que, por nivel de producción, quedan excluidos”.

Los disturbios, no definidos ideológicamente y de un perfil según los expertos similar al de los chalecos amarillos, son especialmente llevadas una juventud de clase media empobrecida que observa un aumento de la desigualdad. Como argumenta la académica Lucía Dammert, dichos jóvenes se rebelan frente a las injusticias, cansados de ver a sus abuelos y padres trabajar para sobrevivir. Dicho perfil, cada vez más común en una sociedad que ha triplicado su PIB en los últimos veinte años al mismo tiempo que aumentaba su desigualdad según índices como el de Gini, se vería apelado a la evasión masiva, especialmente tras ver el resultado positivo para los manifestantes de protestas como las acaecidas en Hong Kong y Ecuador.

El culmen de las movilizaciones, que han aumentado en violencia y masividad tras las imágenes de la actuación policial de los últimos días, ha sido el incendio de la escalera de emergencia del edificio central de la compañía eléctrica ENEL, en Santiago de Chile.

Incendio del edificio ENEL. Fuente: La Nación Chile

Tras dicho incendio, las actuaciones de las fuerzas de seguridad chilenas se intensificaron, llegando a producirse disparos con armas de fuego por parte de estas, según ha denunciado la ciudadanía, especialmente mediante las redes sociales.

Finalmente, el presidente chileno ha decretado este domingo la eliminación de la subida de tarifas, contradiciendo así a la ministra de transporte Gloria Hutt. Además, Piñera ha puesto en marcha la imposición del estado de emergencia, entregando el control de la ciudad al ejército e instaurando el toque de queda, ante posibles nuevas protestas por la actuación de los carabineros y el ejército.

A estas actuaciones se han sumado las polémicas declaraciones del senador democristiano Matías Walker, que ha asegurado que “la desobediencia civil no es válida en democracia”, aumentando aún más la tensión y avivando un fuego de protestas– masivas, disruptivas y alejadas del pacifismo radical – que parece estar propagándose en todo el mundo.

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